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Hoy escribo para ti, que quizá todavía no llegas a los 20, o tienes una hija de esa edad, una sobrina, una
amiga, escribo lo que le diría a mi propia hija si estuviera ya ahí. Y todo empezó porque estaba en una
tienda y la canción que estaban poniendo me dejó perpleja. Decía así:

“Yo no quiero que me des tu amor, ni una seria relación.
Yo no quiero robarte el corazón… tan sólo quiero tu calor.
Cuando brille el sol te recordaré, si no estás aquí.
Cuando brille el sol olvídate de mí…”

Quizá la has escuchado… a lo mejor hasta la has cantado manejando o en la ducha, ¡quién sabe! Pero
quiero pedirte que leas detenidamente lo que dice y luego te hagas una pregunta, nadie tiene que
saberlo, queda entre tú y yo.

¿Realmente quieres un hombre así, que no te dé una relación seria y que al otro día te diga que te
olvides de él, que en realidad no quiere tu amor, tan solo tu calor? Yo también tuve tu edad, ¿sabes? Y
también escuché canciones parecidas, las canté y en ocasiones ¡hasta me las creí!
Pero hoy, todos estos años después, puedo decirte algo con toda la seguridad del mundo: SON UNA
GRAN MENTIRA. Tú vales mucho más que una noche de diversión, y sin lugar a dudas tienes que aspirar
a mucho más que un hombre que solo quiera tu calor. Para empezar, ¡no eres una cobija ni una manta
eléctrica! Eres una mujer, hecha a imagen de tu Creador.

Mi querida lectora, ¡cuidado! La cultura que nos rodea, a pesar de querernos hacer creer lo contrario,
devalúa mucho a la mujer. Tu confianza no puede estar en tu belleza, ni en la talla de tu sostén o
vestido. Las portadas de las revistas mienten porque muestran imágenes retocadas por una
computadora. Y las películas muestran un mundo irreal. Aún cuando consigas toda esa “imagen”
soñada, solo te producirá satisfacción momentánea.

La palabra de Dios dice que a sus ojos eres “preciosa y digna de honra”. Párate frente al espejo, y
repítelo una y otra vez: soy preciosa y digna de honra a los ojos de Dios. Tú tienes valor dado por el Rey
de reyes, y eso nadie puede echarlo por el suelo.

Si eres una joven soltera que una y otra vez se pregunta cuándo llegará el príncipe, o que cansada de
esperarlo está buscando en los lugares equivocados, ¡detente! Dios tiene para ti algo mucho mejor. No
cambies algo hermoso y con diseño divino por una relación barata, donde solo quieran “tu calor” y al
otro día, ni de ti se acuerden. Lo que Dios concibió, el matrimonio, es una relación para toda la vida. No
para que cuando salga el sol, después de una noche desenfrenada, la persona que tantas cosas bonitas
te dijo ya no se acuerde de ti.

Esa es la agenda del enemigo. El plan de Dios es diferente. Es una relación de “para siempre”, una
relación seria, de compromiso. Y sí, puede que suene anticuado, pero te comparto algo (y puedes buscar
la estadística): las personas casadas son más felices. No te conformes con menos, no te sumes a la
corriente porque te arrastrará y luego te dejará tirada en la orilla.

Esperar no es fácil, lo entiendo. Pero peor es lamentarse después porque la decisión fue desacertada. Si
realmente confías en que Dios tiene planes para tu vida que son de bien y no de mal, si te has rendido a
él y le consideras tu Señor y Salvador, entonces espera. Confía y espera. Honra a tu Creador con tus
decisiones, con tus relaciones, incluso con tu vestuario.

Tú eres “real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios”, por lo tanto, vive a esa altura. Y
reserva “tu calor y tu corazón” para un hombre que esté dentro de esa misma categoría. Nunca menos.
¡Así fue como Dios lo diseñó!